¿Que cosa es la verdad?

La más apremiante necesidad de toda la gen­te que desea la libertad y la vida en un nuevo mundo es por la verdad. El continuar en la palabra meramente de un hombre que habla de su propia sabiduría hace a uno discípulo de tal hombre, pero también conduce a la esclavi­tud. No obstante, no es así con la palabra de Jesús. El continuar en Su palabra nos hace libres como sus discípulos, conociendo la ver­dad, porque la palabra de Él no procede de uno que es meramente de origen humano o poseído de mera sabiduría humana. El exhortó a sus oyentes a que fueran honrados, y a que exami­naran y reconocieran Su identidad y la de Su Padre. ¿Por qué? Porque, como él dijo, “ésta es la vida eterna, que Te conozcan a Ti, solo Dios verdadero, y a Jesucristo a quien Tú enviaste.” Esa verdad fue repetida por uno de Sus discípulos que escribió: “Este es el verdadero Dios y la vida eterna.”

Jesús Se adhirió a la palabra que predicaba, porque era la verdad. Por último fué arrestado por los religiosos, detenido en custodia, abusa­do, burlado, falsamente acusado, y entonces clavado a un árbol hasta la muerte. Pero murió como hombre libre. Murió porque no escogió defenderse haciendo uso de potestades que esta­ban bajo Su mando. Se rindió a la muerte porque supo que más beneficio resultaría con Su muerte que si peleara para continuar viviendo en la carne. El murió porque los intereses de la ver­dad concerniente a Él y a Su Padre serían mejor servidos sufriendo inocentemente hasta la muer­te que si continuara viviendo como hombre.

La verdad no puede para siempre ser oprimida, tampoco podría serlo este fiel exponente de la verdad; porque Su Padre debidamente lo libertó de la muerte, conduciéndolo a una libertad tan grande como el universo donde Él “nunca verá la muerte”.

¿Qué cosa es Su palabra, o doctrina, en la cual debemos continuar para ser Sus discípulos y conocer la verdad y ser libres? No podemos dirigirnos hacia ninguna de las muchas religio­nes confusas en busca de Su palabra, porque Él dijo a los practicantes de religión que de esto eran culpables: “Invalidando así la palabra de Dios con vuestra tradición, que vosotros habéis entregado”. 

Después de esto los religiosos lo mataron, porque Su palabra no tenía cabida en ellos. Jesús no enseñó como los religiosos, quie­nes se referían a autoridades humanas y tradi­ciones de hombres religiosos. Por esto, “las multitudes quedaron asombradas de Su enseñanza; porque les enseñaba como quien tiene autori­dad, y no a la manera de los escribas de ellos.”

Jesús reveló la fuente de Su palabra de ver­dad. Él dijo: “Mi enseñanza no es Mía, sino de Aquel que Me envió. Si alguno quisiere hacer Su voluntad, conocerá de Mi enseñanza, si es de Dios, o si hablo de parte de Mí misino.” Priva­damente Él dijo a Sus discípulos: “La palabra que habéis oído no es Mía, sino del Padre que Me envió.” Entonces, uniéndose con Sus discí­pulos en oración, dijo a Su Padre: “Santifícalos con la verdad: Tu palabra es la verdad.”

La Palabra escrita de Su Padre es la verdad; por lo cual Él la citó repetidamente como auto­ridad y guía durante Su vida terrenal. Si hemos de continuar en Su palabra y ser Sus discípulos, asimismo tenemos que volver a la palabra de Su Padre. Entonces conoceremos la verdad y nos hará libres con una libertad que provinien­do de Dios ninguna potestad humana o endemoniada podrá quitarnos. Para encontrar la vida eterna tenemos que conocer en verdad al ‘único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien Él ha enviado’. Este conocimiento podemos ad­quirirlo correctamente sólo por medio de la Palabra escrita de Dios.

Esa Palabra instruye a los que buscan la verdad y aman la libertad: “Compra la verdad, y no la vendas; la sabi­duría también, y la instrucción y la inteligencia.” “¿No te he escrito cosas excelentes, de consejos y de ciencia, para que te haga conocer la certeza de las palabras de verdad, a fin de que vuelvas a llevar palabras de verdad a los que te envia­ron?”

Usted tendrá que comprar la verdad a costo de su tiempo y esfuerzo que gaste en escudriñar la Palabra escrita de Dios, haciendo esto sin inclinación religiosa o prejuicio. De otra manera usted será como los guías religiosos que “siem­pre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad.” La instrucción Divina dada por uno de los fieles discípulos de Jesús que continuó en Su palabra y vino a cono­cer la verdad es: “Procura con diligencia pre­sentarte ante Dios como ministro aprobado, obrero que no tiene de qué avergonzarse, ma­nejando acertadamente la palabra de la ver­dad.”

Para capacitar a usted a comprar la verdad y en seguida continuar en ella y ‘no venderla’, se publica este sitio web. En el curso de todas las siguientes páginas, este sitio web continuará en Su palabra, y en esas páginas indicará las escri­turas que apoyan la verdad, como se citan de la Biblia. El principal y más vital estudio para el hombre es el de Dios y Su propósito.